Inmigración y ciudadania

Vivimos en una ciudad que representa un mosaico de religiones, culturas, colores e idiomas. Hoy, el 17,5% de los 3.287.230 habitantes censados en Madrid son población extranjera. La fuerza fundamental que esculpe este enjambre urbano enriquecedor de diversidad es “la globalización”. El capitalismo fuerza cada año a cerca de 200 millones de personas a migrar de sus lugares de origen y constituye un fenómeno que se construye con códigos de desigualdad, discriminación y falta de derechos.

En los últimos 30 años hemos vivido en la lógica del “Estado menguante”. Lo público ha encogido mientras lo privado iba ocupando el espacio dejado. La consecuencia de esas políticas son plenamente visibles: actualmente en Madrid tenemos una democracia de baja intensidad, en un marco general de profundización de las desigualdades, a través de un debilitamiento de los derechos de la mayoría. A la vez, la simple exclusión de casi todo derecho de una parte considerable de la población (la mayoría de los inmigrantes) empieza a ser una losa sobre la política diaria gracias a la identificación reaccionaria entre nacionalidad y derechos

Construir políticas de progreso exige encarar propuestas que coloquen el concepto de ciudadanía y la lucha por la igualdad de derechos en el centro mismo de la vida política. Recuperar y regenerar la democracia, responder a la lógica de la disgregación social en la que se ceban las políticas más reaccionarias y sus consecuencias xenófobas y racistas debe constituir un trabajo fundamental.

Mientras avanzamos hacia la plena igualdad política, hacia el establecimiento de plenos derechos de ciudadanía, al margen de la nacionalidad y asociados al lugar en el que se reside, existe un espacio para la construcción del tejido social, para la organización de la sociedad civil del que no deben ser ajenas las representaciones políticas de la izquierda, sobre todo en aquellos ámbitos más cercanos como el del municipio.

En primer lugar, deben adoptarse medidas tendentes a reconocer la realidad inmigrante, así como la de su tejido asociativo. Debe favorecerse la presencia de las entidades de inmigrantes, al igual que las del conjunto de ciudadanos, en todas aquellas instancias en las que se tomen decisiones y en las cuales los ciudadanos estén implicados. En aquellos casos en que no sea posible, es necesario que las fuerzas de izquierda busquen crear marcos de diálogo que permitan construir una posición ciudadana global. Paralelamente, debe animarse a la conexión de la realidad inmigrante con el tejido asociativo previamente existente. Somos todos ciudadanos y debemos intentar, por todos los medios, que las propuestas del tejido asociativo madrileño reflejen la realidad de Madrid en toda su dimensión. En este sentido, la creación de espacios de conexión y de espacios transversales de unidad de acción, de debate y de construcción de propuesta y discurso resultan fundamentales (mesas, foros, campañas…)

En segundo lugar, deben reclamarse políticas activas municipales que favorezcan la dinamización y la implicación ciudadana, con especial atención hacia la inmigración.

En tercer lugar, deben dotarse de fondos públicos todas aquellas iniciativas que busquen la construcción de ciudadanía, dado que con ellas reforzamos los derechos democráticos existentes y ayudamos a la conquista de otros nuevos.

La democracia se basa en la participación activa de la ciudadanía. Sin esa participación, la democracia se debilita y con ella, los derechos ciudadanos.

Sin duda alguna, son necesarias reformas legales fundamentales para que al fin haya igualdad de derechos entre todos los ciudadanos, empezando por el derecho al voto activo y pasivo de los inmigrantes. A la vez, sin verdaderas políticas públicas, ese decir, aquellas que son de toda la sociedad y que se organizan a través de poderosos servicios públicos, es imposible garantizar plenamente derechos universales para toda la ciudadanía.

Mientras se logra construir el tejido social que garantizará la unidad, cohesión y fuerza que harán posible tales cambios a través de la movilización y la propuesta, la izquierda debe entender que buena parte de su gestión institucional ha de basarse en tender puentes y ayudar a la construcción de ese tejido asociativo que le resulta imprescindible para proponer políticas progreso y mantenerlas.


Carlos Girbau
Coordinador del Foro Social de Madrid

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